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Chicago, la ciudad que nunca deja de sorprender

Actualizado: 12 ene

Foto: Ana Bouzas

Viajar a Chicago en el marco de IPW 2025 fue mucho más que cumplir con una agenda de reuniones, entrevistas y presentaciones. Fue la excusa perfecta para reconectar con una ciudad que sorprende desde el primer momento y que se disfruta, sobre todo, caminando. Entre compromisos profesionales y recorridos organizados, siempre encontraba un rato para salir a explorar. Y Chicago, con su mezcla de historia, arquitectura, cultura y vida urbana junto al agua, no tardó en conquistarme.

 

Lo primero que uno aprende al llegar es que esta ciudad se recorre mirando hacia arriba. Sus rascacielos imponentes, sus puentes históricos y su skyline junto al lago Michigan convierten cada paseo en una experiencia visual constante. Chicago tiene una presencia fuerte, elegante y vibrante. No intenta impresionar: simplemente lo hace.

 

La ciudad desde el cielo

Uno de mis primeros objetivos fue ver Chicago desde las alturas. Subir al Skydeck, en la icónica Willis Tower, es casi un ritual para cualquier visitante. El ascensor sube a toda velocidad hasta el piso 103 y, de repente, el mundo queda bajo tus pies. La ciudad se transforma en una maqueta perfecta: avenidas rectas, ríos que serpentean entre edificios, el lago Michigan extendiéndose hasta el horizonte.

 

La experiencia se vuelve aún más intensa al caminar sobre The Ledge, las famosas plataformas de vidrio que sobresalen del edificio. Mirar hacia abajo y ver las calles a más de 400 metros genera una mezcla de vértigo, emoción y adrenalina difícil de describir. Es uno de esos momentos que quedan grabados en la memoria.

 

Días después, repetí la experiencia desde otro ángulo en el 360 Chicago, ubicado en la John Hancock Tower. Esta vez elegí el atardecer. La luz dorada bañando los rascacielos, el lago reflejando el cielo y la ciudad encendiéndose poco a poco crearon una de las postales más lindas del viaje. Chicago se veía elegante, serena, casi cinematográfica.

Arte, parques y vida urbana

A nivel de la calle, la ciudad se vive con otra energía. Millennium Park fue una de mis paradas favoritas. Caminar entre la escultura Cloud Gate —el famoso Bean—, la Crown Fountain y los jardines del Lurie Garden es una experiencia que combina arte, naturaleza y vida cotidiana. Turistas sacando fotos, músicos tocando en vivo, gente descansando en el pasto. Todo sucede al mismo tiempo.

 

Justo enfrente, el Art Institute of Chicago invita a perderse durante horas. Su colección es tan amplia como impresionante: desde arte clásico hasta grandes obras del modernismo. Es uno de esos museos que no solo se recorren, sino que se sienten.

 

La Magnificent Mile y el pulso urbano

Caminar por la Magnificent Mile es sentir el pulso de la ciudad. Tiendas, hoteles, restaurantes y edificios históricos conviven en una de las avenidas más emblemáticas de Chicago. A cada paso aparecen joyas arquitectónicas como la Tribune Tower, el Wrigley Building o la legendaria Water Tower, sobreviviente del gran incendio de 1871.

 

Aquí la ciudad se muestra elegante, activa, cosmopolita. Los taxis pasan sin parar, la gente camina con ritmo decidido y el paisaje urbano se convierte en parte del espectáculo.

 

Chicago y el agua: una relación inseparable

Si algo define a Chicago es su vínculo con el agua. El lago Michigan no solo marca el paisaje, sino también el estilo de vida.

En Navy Pier, la ciudad se abre al horizonte. Subir a la Centennial Wheel permite ver el skyline desde otra perspectiva, con el lago extendiéndose como un mar infinito.

 

Pero una de las experiencias más reveladoras fue recorrer el río Chicago en barco. Mientras el paisaje urbano desfilaba frente a mis ojos, el guía explicaba la historia arquitectónica de la ciudad: estilos, épocas, edificios icónicos. Entendí por qué Chicago es considerada una de las capitales mundiales de la arquitectura. Ver sus rascacielos desde el agua es como asistir a una clase magistral al aire libre.

 

Cultura frente al lago

El Museum Campus es otro de los grandes tesoros de la ciudad. Frente al lago se concentran tres instituciones de primer nivel: el Field Museum, el Acuario Shedd y el Planetario Adler. Entre fósiles, especies marinas y estrellas, el entorno combina conocimiento, entretenimiento y paisajes abiertos.

 

Caminar por esta zona, con el lago a un lado y el skyline al otro, es una experiencia que conecta naturaleza y ciudad de forma armoniosa.

 

Hyde Park y la Chicago más tranquila

Quise conocer una faceta diferente de la ciudad, y la encontré en Hyde Park. Sus calles arboladas, sus parques y el elegante campus de la Universidad de Chicago ofrecen un ritmo más calmo. Aquí se encuentra la Robie House, una obra maestra de Frank Lloyd Wright. Su diseño innovador y su integración con el entorno la convierten en una parada obligada para los amantes de la arquitectura.

 

Es una zona ideal para caminar sin prisa, observar la vida local y descubrir una Chicago más académica y residencial.

 

Aire libre, rooftops y sabores locales

Chicago invita a disfrutar al aire libre. Recorrer el Lakefront Trail a pie o en bicicleta permite descubrir playas urbanas, parques y miradores con vistas únicas al lago.

El Riverwalk, en cambio, es perfecto para hacer una pausa, tomar algo y observar el ritmo cotidiano de la ciudad junto al río.

 

Al caer la tarde, los rooftops se convierten en protagonistas. Terrazas con vista al skyline, bares junto al agua y espacios frente a Millennium Park crean el escenario ideal para cerrar el día.

 

Y, por supuesto, no podía faltar la experiencia gastronómica: probar la clásica deep dish pizza. Contundente, sabrosa y diferente a cualquier otra, es parte esencial del ADN culinario de Chicago.

 

Una ciudad que siempre deja ganas de volver

Entre arquitectura imponente, museos de primer nivel, paisajes junto al agua, sabores auténticos y una agenda cultural inagotable, Chicago se revela como un destino urbano completo, sofisticado y lleno de carácter.

 

IPW 2025 fue el contexto ideal para redescubrir una ciudad que combina historia, modernidad y personalidad propia. Una ciudad que se camina mirando hacia arriba, que se siente en el viento del lago y que siempre deja la sensación de que una sola visita nunca es suficiente.

 

Porque Chicago no se recorre: se vive.*


 Foto: Ana Bouzas

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