Boubalé celebra San Valentín con un menú para compartir y saborear la memoria
- Ana Bouzas
- hace 3 horas
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En pleno corazón del Marais, dentro del elegante hotel Le Grand Mazarin, el restaurante Boubalé propone celebrar San Valentín con algo más que una cena: una experiencia emocional que invita a compartir, recordar y disfrutar del amor alrededor de la mesa. Para la ocasión, la casa presenta un menú especial de edición limitada, pensado como una auténtica declaración de amor a la gastronomía de la memoria.
Fiel a su identidad, Boubalé despliega una cocina sensorial, generosa y profundamente afectiva, inspirada en los sabores del Mediterráneo, el Levante y Turquía, con guiños sutiles a las orillas del Bósforo. Cada plato fue concebido como parte de un recorrido íntimo, donde el encuentro y la complicidad se expresan a través del sabor.
La experiencia comienza con un carpaccio de vieiras, delicadamente realzado con kumquat y flores secas. Fresco, sutil y elegante, este primer bocado marca el tono de una velada que privilegia la ligereza y la emoción. Le sigue una entrada de bogavante glaseado con vainilla, acompañado de chirivía y remolacha con frambuesa, un plato que equilibra dulzor y acidez con una profundidad aromática envolvente, sello inconfundible de la cocina de Boubalé.
Para el plato principal, el menú invita a elegir entre dos universos. Desde el mar, un Saint-Pierre asado, servido con zanahorias al jazmín, cítricos y granada, evoca sabores luminosos y delicados. Desde la tierra, un supremo de pollo de corral relleno de hierbas, acompañado de patatas confitadas y un jugo reducido, intenso y reconfortante, que remite directamente a las grandes mesas familiares y a la cocina transmitida de generación en generación.
El final celebra el acto de compartir: un vacherin de pera y dátil, creado especialmente para disfrutar entre dos, seguido de una mignardise de trufa de chocolate y pistacho, que aporta una nota de indulgencia y nostalgia, perfecta para cerrar la noche.
Una declaración de amor a la mesa
En Boubalé, San Valentín se vive como un homenaje a las abuelas, guardianas de las recetas, los gestos y los sabores que perduran en la memoria. El nombre del restaurante —una palabra cariñosa en yidis— resume ese espíritu de intimidad, afecto y hospitalidad que atraviesa toda la experiencia.
El escenario acompaña con igual protagonismo: techos pintados a mano, motivos florales, porcelanas delicadas, cristalería tallada y una atmósfera exuberante y cálida que combina influencias de Europa del Este y Oriente Medio. El resultado es un ambiente romántico, elegante y relajado, ideal para celebrar el amor sin solemnidad excesiva.
Abierto tanto a huéspedes del hotel como al público parisino, Boubalé se consolida como una de las direcciones imperdibles para San Valentín en París, una invitación a bajar el ritmo, compartir platos y celebrar el amor a través de la cocina y los recuerdos.*
Fuente: Cibele Maciet Communication

















