SLR Tour Adriática Croacia: Placer en la carretera y en la mesa

 

TEXTO: Andrés Canet / FOTOS: Thomas Koenig

 

ETAPA 1

ROVINJ - LOVRAN - UCKA - BRTONIGLA - ROVINJ (Dist. 265 km). Cinco días y cuatro etapas para recorrer de norte a sur, desde Rovinj hasta Dubrovnik, una espléndida Croacia a bordo de un Mercedes Benz SLR McLaren Stirling Moss. La versión “barchetta” del SLR sirvió para admirar la fisonomía de una nueva Croacia.

 

Ubicada al norte del Mar Adriático, sobre la margen derecha, esta zona del Mediterráneo ha convivido durante siglos con hechos de conquistas, intereses políticos y numerosas guerras. Un territorio dominado durante siglos por ilirios, otomanos, griegos, persas, celtas, romanos y venecianos entre otros, generando una mezcla de culturas y tres diferentes teorías sobre su origen.

 

La primera de ellas se relaciona con su lengua, y por ello se dice que sería un pueblo eslavo. Aunque en realidad se cree que esto se debe a que los primeros “croatas” eran polígamos, tomando cada uno varias mujeres como esposas, la mayoría de ellas eslavas. De este modo la lengua eslava comenzó a predominar en sus familias convirtiéndose en el idioma materno. La segunda teoría sobre su origen indica que habrían pertenecido en la Antigua Germanía al pueblo de los Godos; y por último se cree que podrían haber sido parte del Imperio Persa.

 

Pero lo llamativo es que el Reino de Croacia, establecido en en el año 925 d.C., fue conquistado y reconquistado a lo largo de su historia por un gran número de pueblos, reinos e imperios. Sus vecinos cercanos y lejanos la han invadido en reiteradas oportunidades, pero de todos ellos La República de Venecia fue la que dejó su huella más importante en el norte del país durante su reinado (1283 a 1797). Entre sus aliados más importantes en la historia se encuentran los eslovenos y los húngaros, aunque han tenido que defenderse de estos últimos y su “hungarización”. En cambio, los otomanos, alemanes e italianos entre otros, han sabido dominarlos a fuerza de invasiones y conquistas. Los primeros entre los siglos XVI y XVIII, y los otros dos durante la Segunda Guerra Mundial. No obstante, los croatas aprovecharon para declarar su independencia en abril de 1941, no sin antes soportar poco más de una década de dictadura a manos del serbio Karageorgevich, quien ejecutó medidas anticroatas e intentos de serbización.

 

Lo que siguió fue la lucha contra el invasor alemán y contra aquella dictadura-monárquica, convirtiendo a Croacia en un estado federado de la segunda Yugoslavia, en la que predominó un régimen socialista pero sin obedecer a la conducción rusa-soviética liderada por Stalin.

 

En 1963, pasó a llamarse República Socialista Federativa de Yugoslavia (RFSY), que fue el estado yugoslavo de mayor duración. Este estado estuvo compuesto por seis repúblicas socialistas (Bosnia y Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro y Serbia), hasta que en 1991 se desintegró a causa de las guerras internas. El siguiente estado nombrado Yugoslavia, ya con distinta composición geográfica debido a la independencia definitiva de Croacia como nación en 1995, existió hasta 2003, año en que pasó a denominarse Serbia y Montenegro. Posteriormente esta última también tuvo sus divisiones, pero esa ya es otra historia.

 

Con todo esto, y la idea de una nación en ruinas en la mente, llegamos a Croacia para participar de un evento que permitiría recorrerla de norte a sur: el SLR Tour Adriatica. Ingresamos conduciendo desde Italia, pasando por un breve trayecto por Eslovenia donde la señalética compleja nos generó algunas dudas de cómo atravesarla. Una vez que tocamos suelo croata la imagen cambió, el paisaje rural esloveno se transformó en una autopista rodeada de colinas y mucho verde.

 

El punto de encuentro de todos los participantes fue el hotel Monte Mulini de la ciudad de Rovinj, en la península de Istria. Allí, el grupo comenzó a conocerse mientras se llevaba a cabo el control técnico de los vehículos (todos Mercedes Benz SLR, algunos en edición limitada denominada Stirling Moss) a cargo del staff.

 

Rovinj es la verdadera gema de la costa de Istria. Actualmente se encuentra sobre una península, pero no siempre fue así. Anteriormente a 1763 era una isla, año en que fue unida al continente al rellenar el canal que los separaba, conservando todo su encanto mediterráneo. Rodeada de veintidos islas, Rovinj fue habitada por romanos, eslavos, bizantinos, lombardos, francos y venecianos, incluso el mismísimo Napoleón Bonaparte la dominó por un brevísimo período de apenas cuatro años. La ciudad tiene una historia viva y ha sido testigo de muchos gobernantes, ha sufrido incursiones y destrucciones por parte de piratas, pero aún así ha logrado mantener indemne su encanto. Con sus angostas callejuelas, su arquitectura romano-gótica y maravillosos toques renacentistas, barrocos y neo-clásicos, el municipio construido sobre una colina con vista al mar es una invitación a viajar en el tiempo. Muy por encima del casco antiguo se encuentra la iglesia barroca de tres naves de Sveta Eufemija. Sin embargo, la atracción principal de la ciudad es el alto campanario de casi sesenta metros de altura inspirado en el Campanario de Venecia que data del siglo XVII.

 

 

El sol de la tarde, el aire del mar y el mediterráneo propiciaban una atmósfera brillante para dar comienzo a la primera de las cenas del tour, muy acertadamente llevada a cabo en el restaurante de playa del hotel, donde las estrellas de la noche fueron la propia marina del hotel y las especialidades de la cocina croata servidas por el galardonado chef Tomislav Gretić.

 

La mañana siguiente dio comienzo la primera etapa, un recorrido de descubrimiento a través del pintoresco paisaje del norte croata desde el hotel a través de la costa hasta llegar a Lovran. Allí disfrutamos de un encantador lunch preparado en el restaurante “Draga di Lovrana”, el cual tiene una vista sensacional de la bahía Kvarner.

 

Desde allí continuamos en el largo y sinuoso tramo de la colina Vela Ucka, una ruta que toca los encantadores pueblos de Lupoglav, Motovun y Livade antes de llegar a Brtonigla. Como las demás localidades de Istria, tiene un interesante y rico pasado conservado en los lugares de interés culturales e históricos, mientras que sus amables lugareños y las tradicionales haciendas rurales favorece la convivencia del hombre con la naturaleza, sin el estrés de la vida contemporánea.

 

Gracias al clima y el suelo, sus tierras ofrecen las mejores condiciones para el cultivo de olivos, encontrar las mejores trufas aromáticas y viñedos de alta clase que producen vinos excepcionales. Los olivos nudosos son particularmente buenos en casi toda la península de Istria. Su aceite de oliva recién prensado es ingrediente esencial de toda alta cocina. Por su parte, las trufas son más difíciles de encontrar pero no imposibles. Esta deliciosa seta ahora encontrada en su mayoría por sabuesos de trufas es la joya de la corona de cada menú, por lo que sólo se sirve en rodajas finas. Su exquisito aroma es inconfundible. Los amantes del vino podrán apreciar las bondades de la vid Malvasia Istriana, muy antigua y probablemente de origen griego que produce vinos blancos de extrema calidad.

 

Luego del almuerzo en el tradicional Konoba Morgan, donde volvimos a apreciar los sabores típicos de la península de Istria, emprendimos el tramo final de regreso al hotel. A nuestro arribo no pudimos rechazar un corto paseo en barco por la costa de Rovinj para disfrutar de un aperitivo y admirar la puesta de sol. Al desembarcar en el puerto, tomamos nuestros lugares en la antigua taberna de pescadores “Kantinon”, donde el chef Tomislav Gretić volvió a sorprendernos con platos tradicionales y productos locales maridados con una selección de finos vinos. Una brisa fresca y agradable en el camino de regreso al hotel fue la manera perfecta para cerrar la primera etapa de esta fascinante experiencia.•

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