PRESIDIO DE ALCATRAZ: Aniquilador de sueños

TEXTO: Hernán Casabella / FOTOS: Andrés Canet

Este ícono de San Francisco, descansa sobre la isla que lleva su mismo nombre situada en medio de la bahía, resistiéndose al paso del tiempo, recordándole a cada visitante que la libertad es el bien más preciado que posee.

 

Fundada en 1933 sobre lo que había sido un antiguo fuerte de fines del siglo XIX, la cárcel funcionó hasta 1963, año en que fue cerrada debido al alto costo que significaba mantenerla en funcionamiento con respecto al resto de las prisiones de los Estados Unidos.

 

Desde el muelle de San Francisco, partió nuestro ferry de Alcatraz Cruises que comunica con la isla. En ese trayecto el visitante comienza a pensar en la vida de los reclusos de Alcatraz, abandonando quizá para siempre el continente y dirigiéndose a un lugar del que muchos nunca más regresarían.

 

Una vez que desembarcamos en la isla, y luego de haber visto una serie de videos documentales sobre la prisión, un pequeño trayecto a pie en ascenso nos depositó en la sala de duchas, donde los reclusos recibían el primer baño y un control médico apenas llegados a la prisión. Lejos de recibir el mismo trato, nos entregaron una audioguía que nos informaría durante todo el recorrido acerca de las historias de los presidiarios y el funcionamiento de la prisión.

 

A partir de aquí comenzó el recorrido propiamente dicho, ingresando al pabellón donde se ubican los diferentes bloques y sus celdas. La sensación de escuchar la historia del presidio, la vida en él y los intentos de fuga realizados por los reclusos, en simultáneo con estar en el lugar de los hechos propiamente dichos es única e incomparable, incluso superior a la que podemos tener en muchos museos prestigiosos, quizá debido a la la ferocidad lo sucedido y la excelente composición del relato.

 

El 12 de junio de 1962 se produjo la más famosa fuga de una prisión del mundo. El Prisionero Frank Morris junto a otro dos reclusos cavaron en los muros de sus respectivas celdas agujeros que los conducían a un pasillo por el cual treparon a los techos de las prisión, para luego fugarse utilizando una balsa inflable armada con impermeables que habían robado dentro del propio presidio.

 

Para evitar que su ausencia en las celdas llame la atención, fabricaron cabezas de papel maché que simulaban ser la de ellos mismos asomándose por debajo de las frazadas en sus catres de celda. Esta historia, llevada al cine excelentemente en la película “Escape de Alcatraz” (1979) protagonizada por Clint Eastwood y filmada en la misma prisión, vuelve a cobrar vida al escuchar el relato de la audioguía, mientras uno ve las tres celdas conservando aún los agujeros por los que se fugaron.

 

Pero no sólo en el audio se apoya la información que nos es proporcionada durante la visita. A lo largo del recorrido nos encontramos con imágenes de los presidiarios más famosos que habitaron las celdas y las historias de los mismos. Entre ellos, la de Al Capone, quien sólo permanecería aquí 4 años.

 

Tras visitar los diferentes bloques de la cárcel uno puede acceder al inmenso patio de la misma, en el cual cientos de prisioneros se sentaban todos los días durante una hora en la escalera de concreto para divisar la costa de San Francisco. Sentado allí, uno no puede dejar de pensar en lo que habrán sentido, sufrido y anhelado los convictos al tener tan cerca y a la vez tan lejos la costa y al mundo entero.

 

Pero más angustiante resulta entrar al bloque para reclusos de máxima peligrosidad. Los presos eran conducidos al mismo cuando participaban de revueltas o ponían en peligro la vida de algún guardia. Pudimos ingresar en las celdas, las cuales eran idénticas a cualquiera de las demás, salvo por la particularidad de ser completamente cerradas. Una caja de concreto que no permitía ni siquiera el paso del más mínimo haz de luz.

Foto: Patio de Alcatraz

 

Terminado el paseo por los diferentes bloques accedimos a la sala de visitas, a las dependencias de los guardias y del director de la prisión. Es aquí donde nos informamos de cómo era la vida de los guardias que vivían en la isla durante meses, hasta ser reemplazados de sus puestos por otros recién llegados. Maniquíes con los uniformes de los mismos, así como también los elementos de defensa y contención de presidiarios que éstos usaban son expuestos en vitrinas en éste área. También es posible apreciar la casa (ahora en ruinas) en la que vivieron los sucesivos directores de la prisión.

 

Resultará importante saber para quien desee conocer Alcatraz existen dos tipos de visitas posibles, las cuales permiten tener diferentes tipos de experiencia. Una durante el día y otra durante la noche. A la valiosa oportunidad de ver la ciudad de San Francisco iluminada, la visita nocturna suma diferentes tours guiados no disponibles durante el día.

 

Como sucede en todo sitio turístico alrededor del mundo, uno no podrá marcharse de Alcatraz sin pasar antes por la tienda de regalos, la cual posee una variedad de objetos insólitos y muy originales, como un abrigo de invierno réplica de los utilizados por los presidiarios al salir al patio exterior, charolas de almuerzo, tazas de metal y cubiertos idénticos a los utilizados por ellos. Los antiguos moradores de Alcatraz jamás hubiesen creído que un día la gente pagaría por conocer la prisión y  mucho menos, que también lo harían para llevarse un recuerdo de la misma como souvenir.

 

El regalo de conocer Alcatraz mas allá de su historia se encuentra en que uno no puede abandonar la isla tras la visita sin pasar por alto el valor de la libertad en el hombre. Algo que sus antiguos habitantes si conocieron bien, mucho mejor que nosotros.•

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