Test Drive • BMW 540i ”PACK M”: Por el sendero de la perfección


or su arquitectura de cuatro puertas, por su tamaño mediano grande, por los años que lleva en el mercado (inclusive el nuestro) y por las características que siempre lo destacaron, el BMW Serie 5 probablemente sea uno de los sedanes más tradicionales del mundo. Sin embargo, y a pesar de su sello inconfundible, siempre encuentra la manera de sorprender, como lo hace esta séptima generación que probamos ahora.


La Serie 5 de BMW nació como tal en 1972, cuando debutó en la edición de ese año del Salón del Automóvil de Frankfurt. Y el tiempo determinó que no fuera un modelo más. Este sedán sentó las bases con las que hoy reconocemos a los modelos de la marca de Munich. En primer lugar, fue desde la aparición de la Serie 5 cuando BMW comenzó a utilizar tres números para clasificar a sus modelos más tradicionales. El primero hacía referencia al segmento al que pertenecía (tamaño) y los otros dos a la motorización. Y también delineó los guiños estéticos que llevarían hasta el día de hoy los sedanes de la marca y por los que son inconfundibles: los dobles faros redondos delanteros y la cintura baja de su carrocería se potenciarían con este modelo para trascender con el tiempo.


Esta nueva generación de la Serie 5 respeta esos mandatos. Su formato es clásico, con las proporciones más lógicas que se puedan esperar de un sedán. Y si bien no tiene los originales dobles faros redondos, esos “ojos dobles” se dibujan con LEDs. Respecto del modelo precedente, además de lucir más sofisticado y tecnológico, en el nuevo 5 se intentó aumentar la idea de deportividad. Las nervaduras que surcan sus laterales, una sobre la parte alta de las puertas y la otra casi sobre el zócalo, están más marcadas, tienen más relieves. Las enormes ruedas de 19 pulgadas y un sector trasero que se angosta en su parte alta terminan de darle esa idea sport. La versión que se vende acá, además, incluye el paquete M Sport, que suma un diseño exclusivo para las llantas de aleación, las pinzas de los frenos pintadas de color azul y distintivos “M” en distintos sectores de la carrocería.


Por dentro, este nuevo 540i evoluciona siguiendo la línea de la generación anterior. En materia de estilo, BMW nos tiene acostumbrados a avanzar sin cambiar el rumbo por donde venía (salvo a principios de este milenio, bajo la dirección de diseño de Chris Bangle, pero esa es otra historia). Por eso las mejoras se aprecian fácilmente pero el ambiente en general es conocido. Es decir, el cliente BMW se sentirá familiarizado con el interior de este sedán.


El cambio más notorio lo entrega el tablero de instrumentos, al menos en la versión que se vende acá, ya que es completamente digital. ¡Pero atención, puristas! Quiten esa mueca de desaprobación de sus caras por no ofrecer los tradicionales indicadores de aguja. Porque la calidad de esta pantalla es tan alta que imita a la perfección a los “relojes” de un tablero tradicional. Ofrece distintas vistas en función de la opción de manejo que se elija y la información con la que se puede contar es muchísima. También mejoró mucho la nitidez con la que el Head Up Display proyecta información en el parabrisas.


El otro cambio significativo de la plancha de a bordo es la nueva pantalla de la consola central. Ahora no está embutida dentro del torpedo, sino que sobresale por encima del mismo. También cuenta con una gran calidad de imagen (aunque el sol le pegue de lleno siempre se ve con mucha nitidez) y es táctil. Cuando se la utiliza directamente con los dedos, sorprende la rapidez con la que responde.


Dos detalles más del interior. El nivel de calidad de materiales y de terminación resulta bastante más alto que en la generación anterior y que en la competencia. Y, además, muy acertada la decisión de BMW de mantener algunas funciones que se usan habitualmente (controles de audio y de la climatización) con comandos físicos, accesibles y de rápida identificación.

Incluye un sistema DE estacionamiento remoto que permite mover el auto sin que haya alguien en el puesto de conducción.

El 540i viene con el extraordinario motor de 6 cilindros en línea y 3.0 litros de cilindrada. Con sistema de inyección directa y sobrealimentado con turbo, en esta versión llevaron la potencia hasta los 340 caballos de fuerza. Su socia es una caja automática de convertidor de par con ocho relaciones que tiene un funcionamiento ideal: los pasos de marcha son suaves y veloces.


La elasticidad del motor más la eficiencia de la caja hacen que el tren motriz de este BMW no tenga puntos flojos. De todos modos, ofrece tres tipos de puesta a punto: Eco Pro, Comfort y Sport. Según la opción elegida, modifica distintos parámetros (entrega de potencia y fuerza del motor, velocidad y rango de vueltas de paso de marcha, dureza y altura de las suspensiones y firmeza de la dirección).

Con la Eco Pro todo es suavidad y serenidad, el motor parece no entregar todo lo que le pedimos al acelerador, aunque si se pisa el pedal con determinación sí reacciona con todo, pero no es la idea con este modo. Algo que hay que aprender a sacarle provecho es el modo de “punto muerto” que por momentos ofrece. Si circulamos a más de 60 km/h y soltamos el acelerador, el motor se desacopla de la caja de cambios y la única resistencia que tiene este sedán para avanzar es la del rodamiento y la del aire. Hay que tomarle el tiempo para aprovechar esa inercia, ya que le cuesta mucho perder velocidad. Al tocar el acelerador o el freno, se acoplan nuevamente caja y motor.


La opción Comfort mejora la sensibilidad del acelerador pero, salvo que se lo indiquemos seleccionando manualmente una marcha o con una aceleración enérgica y constante, la caja va a seguir eligiendo transitar en el cambio más alto posible para cuidar el consumo de combustible y la serenidad de marcha.


La función Sport ya nos tienta con la vista, porque en el tablero predomina el color rojo. Y el pedal del acelerador es más sensible todavía y la caja es más veloz. La suspensión y la dirección se endurecen y la carrocería reduce en 10 milímetros su distancia al suelo. Es en ese momento en el que todo el tiempo la fuerza de empuje, sin importar la marcha en la que se transita, nos hace olvidar que estamos a bordo de un sedán ejecutivo.


Su marcha es muy aplomada. La fortaleza que transmite es notable. Se mueve con agilidad si tenemos en cuenta sus casi cinco metros de largo y más de una tonelada y medio de peso. Tiene una buena capacidad para entrelazar curvas cerradas o realizar maniobras imprevistas. La dirección es precisa y el auto va por donde se le indica. Y pesar de los movimientos de la carrocería, el 540i va con las cuatro ruedas bien apoyadas… siempre. La sensación de control es total.


Un detalle tecnológico de esta nueva generación. Incluye un sistema de estacionamiento remoto que permite mover el auto sin la necesidad de que haya alguien en el puesto de conducción. Todo se hace desde un comando a distancia especial, que cuenta con una pantalla táctil desde donde se indica el sentido que debe tomar el auto. Si bien está pensado sólo para que vaya hacia adelante o hacia atrás (está pensado para estacionar en lugares estrechos), la dirección puede hacer pequeñas correcciones para evitar algún obstáculo. Si algo se cruza en plena maniobra, el sistema reconocerá su presencia y frenará automáticamente.


Pero este BMW 540i no fue construido para manejarlo desde afuera. Fue desarrollado para hacernos sentir el poder de un deportivo o el confort y la robustez de un sedán ejecutivo. Todo en el mismo vehículo. Pero para sentirlo hay que ponerse en el puesto de conducción. Y disfrutar.•

Fotos: Johnnie Rik
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