República de San Marino: Corazón autónomo


Situada en el corazón de Italia, entre las regiones de la Emilia Romagna y Marche, con una extensión de apenas 61 kilómetros cuadrados y a tan solo trece kilómetros en línea recta del mar Adriático, esta República está conformada por diferentes núcleos de población conocidos como “castellos” que se van distribuyendo desde la ladera hasta la cima del Monte Titano a 750 metros sobre el nivel del mar. Aquí no existen fronteras ni controles, solo un pequeño cartel que da la bienvenida a esta República: la más antigua del mundo y el tercer país más pequeño de Europa.


A los pies del Monte Titano se extiende la capital de San Marino, y juntos fueron declarados en el año 2008 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Según cuenta la historia fue fundada en el siglo IV (301 d.C.) cuando un cantero de nombre Marino dejó su ciudad natal en Dalmacia y subió al monte Titano y estableció una pequeña comunidad de cristianos perseguidos por su fe en época del emperador Diocleciano.


San Marino ha defendido a lo largo de los siglos su independencia y autenticidad rechazando todo tipo de políticas diferentes a sus principios y tradiciones, siendo hoy la única ciudad estado republicana que sobrevive en nuestros días, orgulleciéndose de haber sido invadida en solo tres oportunidades en diecisiete siglos de historia, y siempre por poco tiempo. En 1861 opta finalmente por seguir siendo un país independiente, democrático y neutral, y de no caer bajo el dominio de Italia. Por toda esta historia, a la Serenísima República de San Marino se la define con orgullo como “Tierra de la Libertad”, lema que reza el cartel que da la bienvenida al país.


Muchos y pintorescos son los rincones dignos de visitar, su casco antiguo medieval es en sí mismo una de sus mayores maravillas. Con sus tres famosas torres, sus callejuelas peatonales que van en zigzag cuesta arriba y sus antiguos edificios de piedra, brindan la conocida imagen de cuentos de hadas, príncipes y princesas que se ilustran en los libros infantiles, luciendo un aspecto realmente encantador.


Se accede a ella a través de la Porta di San Francesco, conocida como la Puerta de los Locos, la principal entrada al ciudad. Desde aquí calles abarrotadas, tiendas, restaurantes y museos nos transportan a aquella vieja época. Importantes tiendas de ropa, zapatos, carteras y suvenires que llaman la atención por sus precios ya que San Marino es un destino libre de impuestos.


Siguiendo por la empinada y estrecha Vía Basilicius, pasando primero por la Iglesia San Francisco (el edificio más antiguo de la ciudad), llegamos a la pequeña Piazzetta del Titano donde se destaca el Museo Estatal con restos arqueológicos, objetos y documentos que ilustran la Historia de la República. Seguimos nuestro alegre recorrido por la Vía Eugrippo, pasando por un bonito rincón con atractivas esculturas y la Cava dei Balestrieri, sede de fiestas y celebraciones patrias, para llegar al Cantone, terraza panorámica desde la cual se obtienen increíbles vistas de los Apeninos, el verde valle, los anaranjados tejados de Borgo Maggiore, otros castellos de San Marino y los campos de la Emilia Romagna. Si no desea caminar en subida hasta aquí, puede hacerlo en el funicular que conecta Borgo Maggiore con el casco antiguo. En días despejados es posible contemplar desde aquí las más espectaculares puestas de sol, llegando incluso a divisar el litoral de Croacia.

Su exhuberante historia, cultura y tradición hacen de éste uno de los destinos turísticos mas fascinantes del mundo.

Seguimos subiendo por las estrechas callejuelas repletas de turistas y más tiendas de suvenires hasta la plaza principal de la ciudad, la Piazza della Libertá, custodiada por la Estatua de la Libertad (que nada tiene que ver con la de Nueva York). Sobre uno de sus laterales se encuentra el Palazzo Publico, que acoge al gobierno de la Nación y que en los meses de verano se puede ver la ceremonia de cambio de guardia, que por suerte tuvimos el agrado de presenciar.


Continuando cuesta arriba, bajo el agobiante sol del mediodía, nos topamos de frente con la imponente Basílica de San Marino, construida a comienzos del siglo XIX sobre los cimentos de una antigua iglesia románica. En su interior se conservan las reliquias de la ciudad, y los restos del Santo Marino, fundador de la República.


Tras una rápida vista a la Basílica nos encaminamos hacia los tres puntos más interesantes de la ciudad: las Tres Torres (Guaita, Cesta y Montale). Solo se puede visitar el interior de las dos primeras adquiriendo un ticket por un valor de 5 euros.


La primera de ellas que aparece en el camino es la Guaita, correspondiente al siglo XI y la más grande de las 3 fortificaciones. En sus orígenes fue una prisión y aun hoy es posible ver algunas de sus antiguas celdas. Si no sufre de vértigo podrá subir a lo alto de la orre par disfrutar de unas impresionantes vistas de la segunda fortificación, la Torre Cesta.


Al salir, caminamos por el Passo della Streghe o Paseo de las Brujas, contemplando el hermoso paisaje. Antes de alcanzar la segunda torre nos detuvimos en una pequeña taberna para disfrutar de unas exquisitas piadinas, un pan frito típico de la región de la Emilia Romagna pero que fue adquirido por los locales, acompañados de unos exquisitos tallarines y de postre la tradicional torta Di Tre Monti.


Luego de este breve descanso continuamos hasta llegar a la Torre Cesta, construida sobre unas antiguas ruinas romanas dos siglos más tarde, en el punto más alto del Monte Titano. Su interior aloja un pequeño museo de armas antiguas y armaduras. Pero sin duda lo mejor son otra vez las magnificas vistas panorámicas.


Y por fin, casi solitarios, caminamos por un sendero que nos condujo a la última Torre Montale, mucho más pequeña y modesta que las anteriores, y aunque no se puede acceder a su interior, vale la pena llegar hasta ella.


Al final de la tarde regresamos al centro del casco antiguo, que por supuesto queda en la otra punta. En este punto existen dos alternativas para volver, repitiendo el camino por donde vinimos o seguir por el camino que atraviesa el Parque Natural repleto de frondosa vegetación y grandes árboles. Nosotros optamos por regresar por el mismo sendero, contentos de haber podido visitar, al menos por un día, esta pequeña pero muy atractiva República.•

Fotos: Andrés Canet
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