Barcelona, España: Para alquilar balcones


La capital de Cataluña es una ciudad llena de vida. Situada a orillas del mar Mediterráneo, Barcelona es una metrópolis bien cosmopolita, con gran importancia tanto cultural como comercial, financiera y turística. Posee algo especial que apasiona y atrapa a todos los que la visitan, con monumentos, museos y bellísimos edificios en la lista de todo viaje. Pero existen otras cosas con las que Barcelona puede sorprender aún más. Ha sido la única ciudad olímpica de España, posee un de los mejores puertos del país, un mercado que deslumbra y por supuesto el equipo de fútbol más poderoso del planeta en la actualidad.


Nuestro recorrido comenzó por la bonita Plaza Cataluña, punto de unión entre el casco antiguo y el ensanche. Hermosas fuentes y palomas por doquier alegran el lugar. Este es el punto de partida de algunas de las principales arterias de la ciudad y de los atractivos más visitados.


La vida en la ciudad vieja es sumamente atractiva, los barrios más antiguos de Barcelona son una mezcla de diversión, tranquilidad y mucha actividad comercial. Desde aquí partimos hacia el barrio gótico, el más antiguo y una de las zonas más bellas de Barcelona. Sus angostas y laberínticas calles medievales componen el paisaje ideal para disfrutar del lugar sin prisa, admirando los restos que se conservan de su glorioso pasado. Aquí se encuentran, entre otros importantes edificios, la magnífica Catedral de Santa Eulalia, también conocida como la Catedral de Barcelona. Su imponente arquitectura gótica catalana del siglo XIV es su mayor atractivo, mientras que en su interior se destaca la cripta de Santa Eulalia patrona de la ciudad, el altar mayor y su claustro, iluminados por la luz del sol que entra a través de magníficos vitrales. Afuera de ella se reúnen los fines de semana cientos de personas en alegres manifestaciones de música, canto y baile, con todo el folklore local, que incluye señoras de avanzada edad avanzada bailando en ronda.


Muy cerca de allí, la Plaza Sant Jaume es el centro histórico y administrativo desde la antigüedad. Esta acoge los dos edificios más importantes de la administración catalana: el Ayuntamiento y la Generalidad de Cataluña. Es el centro de manifestaciones, eventos y por supuesto de los festejos del los hinchas del Barcelona.


Alrededor de estas magnificas edificaciones, el barrio Gótico está lleno de historia y buenos restaurantes. Al pasearnos por la zona, fue difícil no dejarnos tentar por las heladerías y los buenos cafés que prometen preparar el mejor chocolate caliente de la ciudad. Para el asombro de muchos, éste es un chocolate oscuro y espeso que se acompaña con churros y natas, ideales para una tarde de invierno. Caminando por estrechas y serpenteantes callejuelas continuamos hacia el atractivo Barrio Judío, que aún conserva algunos edificios y sinagogas de gran belleza; y de allí a la famosa Rambla, también conocida como Las Ramblas, uno de los lugares más populares. Se trata de un agradable paseo que conecta la Plaza Cataluña con el antiguo Puerto de la ciudad. Siempre animadas por artistas, músico callejeros, turistas y transeúntes que van y vienen, sus calles repletas de bares, restaurantes y comercios sirven para comprar todo tipo chucherías alusivas a Barcelona.


La más alegre y colorida es La Rambla de las Flores, donde miles de puestos de plantas y flores perfuman el ambiente. Aquí se encuentra el mítico Mercado de la Boquería, un lugar único y referente de Barcelona que se ha convertido en una de las atracciones más visitadas. Inaugurado en 1840, es el primero de los mercados municipales. El espíritu comercial de este enclave se remota a principios del siglo XIII cuando en la Plaza de la Boquería se instalaban puestos de venta de carne. En realidad, el mercado tal como lo conocemos hoy en día tiene su origen unos años antes al derribarse el convento de San José, con la intención de crear una plaza y así poder regular el mercado ambulante. En la actualidad forma parte de la red europea de mercados de alimentos Emporion, siendo considerado uno de los más importantes del mundo.


En su interior se encuentra una exagerada variedad de comidas de todo tipo, tamaño, origen y color. Al recorrerlo, los sentimientos se vuelven a flor de piel, dejándonos llevar por un mundo nuevo y desconocido. Desde muy temprano abre sus puertas para ofrecer productos de todo tipo, desde carnes, pescados y mariscos, conservas, frutos secos, frutas y verduras, jugos, dulces y chocolates, hasta platos elaborados para disfrutar allí mismo. Toda la cocina del mundo se puede encontrar en este mercado y la variedad presente no permitirá que repita un solo plato en toda su estadía. Fue nuestra cocina durante los cinco días que estuvimos en Barcelona, pasando una o dos veces al día para dejarnos llevar por nuevos manjares en cada oportunidad.


Desde el Monumento Mirador a Colón (cerca del puerto) en adelante, La Barceloneta es uno de los barrios más populares y con más carisma de Barcelona. Se trata de un barrio marinero cargado de magia e historia, con coloridas embarcaciones que dan la bienvenida a una Barcelona festiva y veraniega. Al caer la tarde contemplamos la llegada de los barcos pesqueros que descargaban sus capturas para realizar la tradicional subasta. La zona aún conserva el ambiente de barrio pesquero, que en sus callejuelas estrechas alberga excelentes marisquerías, hileras de restaurantes y bares de tapas que se entremezclan con las tradicionales imágenes de vecinos sentados en la vereda y estrechos balcones que exhiben sus ropas tendidas al sol.


Otro de los principales atractivos son sus playas, las más grandes y concurridas de la ciudad. Así que, sea cual sea la temperatura, un día soleado es sinónimo de playa para muchos locales y turistas, que no pierden oportunidad de pasear en traje de baño y disfrutar de la arena y el mar. Nosotros tampoco pudimos evitarlo y caímos en la tentación de asolearnos como reptiles, de beber algunos refrescantes tragos y chapotear en las aguas cristalinas del Mediterráneo por unas horas.


Sacudida la arena de nuestros pies, retomamos nuestro camino hacia el barrio de La Ribiera, también ubicado dentro de la ciudad vieja, donde antiguamente vivían los artesanos. Hoy sus calles llevan el nombre de aquellos viejos oficios y es donde en la actualidad muchos artistas han instalado sus talleres. La calle Montcada es el núcleo de las galerías de arte y de importantes museos. El Museo Picasso, compuesto por cinco grandes palacios de estilo gótico catalán, exhibe las obras del artista ordenadas cronológicamente, entre las que se destacan ¨Hombre con Boina¨, ¨Retrato de la tía Pepa¨, ¨Ciencia y Caridad¨, ¨el Diván¨, ¨la Mujer de la Cofia¨y la particular versión del artista de ¨Las Meninas¨.


Muy cerca de allí, el Passeig del Born, un bonito pasaje medieval, nos sorprendió por conservar su antigua estructura, culminando con la Basílica de Santa María del Mar de estilo gótico catalán, uno de los edificios mas bellos de Europa. El antiguo pasaje hoy se encuentra repleto de bares y restaurantes y es por supuesto el lugar de la vida nocturna mas frecuentada por los jóvenes.


Continuando con la cultura, el Palacio de la Música, obra del arquitecto modernista Lluís Doménech i Montaneres, es una de las sala de conciertos más especiales del mundo y uno de los monumentos más representativos del modernismo catalán. Justamente, esta corriente arquitectónica conocida mundialmente puede apreciarse a lo largo del Paseo de Gracia, un museo al aire libre conocido popularmente como la Manzana de la Discordia. Allí se encuentran magníficos edificios con diseños únicos que evidencian lo mejor de los arquitectos modernistas. Gaudí hizo su aporte con la Casa Batlló, un particular edificio encargado por Josep Batlló a él, con fachada cubierta de retazos de azulejos, techo que simula el lomo de un dragón cubierto de escamas multicolores y balcones que parecen calaveras, convirtiendo este edificio en un mito del arte. Tras su fascinante fachada se oculta un mundo fantástico que ayuda a descubrir el sorprendente universo de Gaudí y una vez en su interior recorrimos las antiguas residencias de la familia Batlló.


Junto a ésta, la Casa Amatler diseñada por Josep Puig i Cadafalch, fue la primera en construirse, y su fachada escalonada y pintoresca posee un esgrafiado que se une con la cerámica de forma delicada. El palacete está inspirado en el gótico urbano y los palacetes nórdicos, con un resultado llamativo y encantador. Finalmente está la Casa Lleó Morera rediseñada por Montaner, que posee diversos ornamentos modernistas como los mosaicos, vitrales y un gran número de esculturas femeninas que le dan a la fachada un aire renacentista.


Más arriba, se encuentra un edificio inconfundible: las paredes onduladas de la Casa Milá se alzan imponentes en toda la esquina del numero 92 del Paseo de Gracia. Conocida también como La Pedrera, debido a su rústico aspecto pétreo de su fachada que simula el mar en movimiento, donde las oleadas juegan con las algas de hierro forjado que sirven de reja a los balcones. En su interior alberga un espacio de exposiciones, una recreación de una vivienda familiar burguesa de principios del siglo XX y el desván donde se exponen elementos distintivos de la obra de Gaudí. Pero su atractivo principal es sin duda su azotea, un espacio insólito con una impresionante fuerza artística y simbólica. En esta original zona las torres de ventilación y las chimeneas se convierten en sorprendentes esculturas de guerreros petrificados.


Muy cerca de allí otra obra impactante de Gaudí se erige majestuosamente: la famosa e inconclusa Basílica de la Sagrada Familia. Con sólo verla se nos aceleró el corazón, al igual que a los miles de turistas que desde bien temprano por la mañana hacen cola para conocerla. Afortunadamente, nuestros privilegios de periodistas nos facilitaron el ingreso. Aunque su construcción viene algo lenta (comenzó en 1882 y aún no ha finalizado), es un exuberante templo cargado de simbolismo religioso. Sus torres dedicadas a los apóstoles, a los evangelistas, a María y a Jesús, están dotadas de diferentes alturas en función de la jerarquía religiosa que representan, pero sólo ocho de las dieciocho están terminadas.


Su exterior esta compuesto por tres simbólicas fachadas: la del Nacimiento, dedicada al nacimiento de Cristo; la de la Pasión, que pretende reflejar el sufrimiento de Jesús durante la crucifixión; y la Fachada de la Gloria, que representa a la muerte, el juicio final, la gloria y el infierno, todas ellas talladas con miles de figuras representativas. Es posible acceder hasta la parte superior de las torres para contemplar la ciudad desde las alturas y ver algunos de los detalles del exterior del templo, además de las vigas, poleas y ruidos de obra que dan aviso a que el templo sigue en construcción.


Al entrar, sin importar las expectativas de cada quien, se escucha siempre la misma pregunta: ¿Gaudí era un genio o realmente estaba loco?. Sin una respuesta correcta, es un privilegio contemplar un lugar que altera la forma de percibir la naturaleza, pues resalta en sus muchos detalles su belleza, creando columnas con forma de tronco de árbol que convierten el interior del templo en un enorme bosque de piedra.


Pero Gaudí también dejó huellas de su genialidad o locura en el famoso Parque Güel, un jardín arquitectónicamente único que en un principio debería haber incluido residencias de lujo a pedido del empresario Eusebi Güell, quien era apasionado de las obras de Gaudí. Con el transcurso de los años el proyecto fue abandonado y en su lugar se construyó este magnífico parque digno de un cuento de hadas. De gran extensión, el parque esta cubierto por formas onduladas, columnas con aspecto de árboles, figuras de animales y formas geométricas decoradas en su mayoría con trozos de cerámicas de diversos colores. El punto central del parque es una gran plaza en la que se encuentra un enorme banco de 110 metros de longitud, con apariencia de serpiente recubierta de pequeñas y coloridas piezas de cerámica. La vista desde aquí no tiene desperdicio, y vale la pena tomarse unos minutos para apreciarla y valorarla. Dentro del parque se encuentra la Casa Museo Gaudí donde se exponen objetos y obras del artista. Junto a la entrada principal dos casitas con llamativas torres albergan una tienda de regalos y la casa del guarda con exposiciones sobre el parque. Frente a ellas se hace presente el colorido dragón que custodia la Sala Hipóstila, cuyo techo ondulado lleno de criaturas marinas realizadas con pedazos de botellas, desafía la imaginación.


Claro que nadie puede abandonar Barcelona sin visitar el Camp Nou. Es el estadio con mayor capacidad de Europa y uno de los más grandes del mundo. Testigo impasible de grandes victorias, cuenta con una enorme fama a nivel mundial que lo convierte en un lugar muy querido para algunos y odiado para otros. El recorrido por el estadio incluye la visita a los vestuarios, al campo de juego, al palco y las tribunas. El punto final de la visita lo pone el Museo del F.C. Barcelona, que permite conocer la historia del club a través de fotografías, trofeos, objeto y recuerdos de las grandes leyendas del club. Y sí, hay que decirlo, Messi es gran protagonista de esta sala.


En conclusión, Barcelona es una ciudad especial, digna de ser visitada con tiempo para caminar por sus calles, disfrutar de sus increíbles vistas y de su ambiente mediterráneo, dejándose sorprender por el espíritu de la gente y sentirse como un barcelonés más recorriendo sus rincones.•

FOTOS: Andrés Canet
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